Criticas y Comentarios III

a la obra de Fernando Josseau, Dramaturgia y Narrativa

La posada de la calle Lancaster
Por Eduardo Guerrero
La Segunda, Jueves 13 de octubre de 1994

Quienes hemos tenido la ocasión de presenciar algunos de los montajes basados en obras dramáticas de Josseau (El prestamista, La mano y la gallina, Su excelencia el embajador, entre otras), constatamos la existencia de constantes que el escritor también utiliza en esta colección de dieciocho relatos, aparecidas además en su anterior libro narrativo Chez Pavez (1980). Nos referimos -en lo primordial- a una sutil crítica social, a un buen manejo del humor negro y a una preeminente atmósfera de absurdidad.
En términos generales, independiente de las diversas temáticas, La posada de la calle Lancaster posee una estructura uniforme en la intencionalidad narrativa y tiene los elementos propicios para atraer, desde un comienzo, al lector. Así, sin dejar de lado la predilección por determinados cuentos -entre los que destacamos "La posada de la calle Lancaster", "La mansión", "Mefistófeles en persona", "La ceremonia"-, el conjunto es de un alto nivel, dando claras muestras de dominio del oficio (tanto en lo descriptivo como en la utilización del diálogo), que se traduce en un lenguaje envolvente y de gran eficacia narrativa.
Espacio misterioso, donde la lujuria, el suspenso y el erotismo se transforman en los motivos recurrentes. "Mefistófeles en persona" nos presenta a un caballero en un parque, con "una leve sonrisa lasciva y sacrilega", quien se imagina a un inocente niño cuando éste sea ya mayor. Finalmente, en "La ceremonia", un escritor sueco -anciano de 80 años- recibe el Premio Nobel de Literatura y su discurso rompe todos los cánones protocolares, con el consiguiente escándalo social.
En síntesis, La posada de la calle Lancaster es uno de los buenos títulos publicados este año, con un escritor que ha dado suficientes muestras de calidad literaria.

La posada de la calle Lancaster
Por Enrique Lafourcade,
El Mercurio, Domingo 20 de noviembre de 1994.

El último libro de este veloz recuento es La posada de la calle Lancaster, escrito por Fernando Josseau, nacido en Punta Arenas, discípulo de Margarita Xirgú, autor de obras teatrales de gran éxito como El Prestamista, que se divulgó por toda América. Y de cuentos y sátiras donde exhibe sus virtudes: reposo, palabra exacta, control de diseños narrativos. Hoy, estos cuentos. Viene a mi memoria Enrique Bunster. Un lenguaje claro, diálogos perfectos, situaciones que bordean el absurdo y la magia. Bunster y Juan Tejeda. Elegancia. En las antípodas de la obra de Sutherland. Josseau tiene otro mérito, sus trabajos escapan de los simplificados entornos costumbristas, volando hacia unos lectores de cualquier parte. No hay metalenguajes ni bajadas al fondo de la chilenidad. "El Hombre que Murió en Inglés" revela parte de su método. Los años de silencio le han dado poderes. Una obra que debe ser leída.

La posada de la calle Lancaster
Por Camilo Marks, La Época,
Domingo 18 de diciembre de 1994

Los relatos de Josseau tienen un plan preciso, acabado y ejecutado con una depurada técnica literaria. La originalidad de los temas, la seguridad en el detalle narrativo e idiomático y la sólida y amplia formación cultural que se advierte, hacen que .su lectura sea siempre grata. Fernando josseau es un caso notable en la literatura chilena y ya ocupa un lugar destacado en la historia del teatro nacional. El monólogo dramático El prestamista (1956) debe ser la obra teatral de autor chileno que ha tenido el éxito más resonante de que se tenga memoria y así lo atestiguan las más de diez mil representaciones que obtuvo en Chile, el continente americano y Europa, cuando electrizó a más de dos generaciones de aficionados al teatro. Después siguieron La mano y la gallina, Su Excelencia el Embajador y Alicia en el país de las zancadillas que, aunque no atrajeron tanto público como el primero, son ya clásicos de la hoy alicaída escena nacional.En 1980 Josseau publicó Chez Pavez, su primera colección de cuentos, la cual hizo exclamar a Ignacio Valente que el escritor, conocido hasta la fecha sólo como autor teatral, "es un excelente narrador". Hemos debido esperar catorce años para leer La posada de la calle Lancaster, su segundo libro de relatos recién aparecido.